Debo escribir sobre esto, porque debo aprender sobre esto. Creo que estamos en esta vida, entre otras miles de cosas, sobre todo para aprender y evolucionar, y si hay algún aprendizaje al que le pones resistencias, la vida ya se encargará de ponerte situaciones diversas para que te des cuenta. Hasta que aprendas, y cuando eso sucede, como tu cambias, cambia tu entorno contigo.

Siento que estoy en una de esas encrucijadas ahora mismo: mentalmente tengo una idea de lo que va a suceder en un futuro próximo, diría más bien un guión en mi cabeza. Me sorprende lo detallista que puedo llegar a ser, yo siempre voy elegantísima, sonriendo a todo el mundo. Y con un ventilador invisible que moldea mi melena rubia perfectamente peinada. Muy realista todo vaya. Hay una armonía a nuestro alrededor, todos hablamos y somos sinceros. Entonces llega la realidad, como siempre llega, así como de golpe, en donde prácticamente nada encaja con la película que me había montado en la cabeza. Sino pregúntale a mi madre como tengo el pelo siempre.

Mi primera reacción al Óscar de peor guionista (es un patrón que tengo ya pillado) suele ser culpar a los demás. Claro, es lo más fácil, si ellos no se hubieran comportado así o asá, yo por supuesto no habría caído en esa trampa y todos seríamos felices y comeríamos perdices. El enfado suele durar varios días, sobre todo mis miradas de desaprobación. Soy una de esas personas que para bien y para mal se me nota el estado de ánimo en la mirada. Pasados unos días, en los que poco se puede hacer conmigo porque muerdo, vuelvo yo sola a la calma al verme tan ridícula. Empiezo a hacerme preguntas a mi misma en vez de a los demás, ¿qué podría haber hecho YO mejor? Entonces paro de verme como la víctima, y empiezo a verme como co-autora del “desastre”. Es ahí cuando todo cambia, y la nueva verdad me libera y ablanda.

Mis expectativas vienen vinculadas por mi cultura, por mi familia, la sociedad o creencias adquiridas según mis experiencias. Y cuando no se cumplen, se activan en mí una serie de mecanismos de defensa, que en su fin último solo me hacen ser más infeliz porque no estoy aceptando mi realidad. Me vuelvo reactiva, en vez de aceptar la situación. “Esto está bien”, “éste es malo”, “esto es fataaaal”…nuestra mente suele ponerle etiquetas y eso condiciona nuestro juicio. Cuando en realidad, si miramos hacia atrás, una situación que antes veíamos como desastrosa, ahora desde otra perspectiva, puede haber sido ese gran cambio que andábamos buscando. Todo es relativo, las situaciones no son buenas o malas, simplemente son.

Las plantas y los árboles son unos maestros de la aceptación y la adaptación. Nacen y viven en un mismo lugar toda la vida, y se adaptan a esas condiciones sin rechistar, sin un “aquí te quedas, yo me largo que no te aguanto”. Tienen que encontrar la solución por narices. ¡Y así durante cientos de años! Los árboles viven en un equilibrio interno, se reparten cuidadosamente sus fuerzas, ya que tienen que economizar para cubrir todas sus necesidades y sobrevivir. Priorizan lo que verdaderamente es importante. No digo que nosotros tengamos que aprender a no movernos y aceptarlo todo tal cual, tenemos otras capacidades y otros procesos, pero podríamos aprender de la paciencia de nuestros compañeros en la Tierra un poco más. Sin pedir nada, nos dan tanto, y no nos damos ni cuenta.

Creo que las expectativas son al fin y al cabo algo natural y humano, un mecanismo de supervivencia, pero ser conscientes de nuestra propia trampa nos libera y nos hace crecer. El poder del ahora, es simplemente vivir, sin resistir. Pero si caemos, sonriamos y tengamos compasión por nosotras mismas.

“Be soft with youself” como dice mi gran amiga Hannahbanana.

-Bibliografía: “La vida secreta de loa árboles” de Peter Wohlleben.